La niña que deseaba no tener sentimientos
En algún lugar del mundo existe una niña que desea no tener sentimiento. ¿Por qué no querer sentimientos si es lo mejor que alguien puede tener, lo que lo hace ser humano?
Ella no quería tener sentimientos porque veía lo que estaba ocurriendo en el mundo y sufría por eso, deseaba que hubieran cambios, pero no podía hacer nada desde donde esta. Veía que sus esfuerzo por hacer algo en lo que pudiera ayudar no servían de nada. Amaba, pero parecía no ser amaba, deseaba amor, pero no llegaba, deseaba no sentirse sola, pero lo estaba. Deseaba sentirse conforme por lo que era, pero no podía. Y así los sentimientos solo le traían más dolor.
Cuando ella despertó no sabía donde se encontraba. No recordaba que había pasado antes de aparecer ahí y mucho menos, recordaba quien era.
Se encontraba en un bosque, y estaba por anochecer. Lentamente se levantó mientras miraba por todos lados, en busca de alguien que pudiera explicarle que había pasado, quien era y por qué estaba ahí.
Avanzaba con cuidado, por miedo a caerse y trataba de sostenerse en los árboles si era posible.
Tenía frío, mucho frío, notó que andaba con un vestido negro, su favorito. Al recordar esto se dio cuenta que no todo estaba perdido, y comenzó a esforzarse para encontrar alguna respuesta, ya que no había encontrado a nadie en todo este rato, ni siquiera un animal.
Y así caminó por lo que parecieron horas hasta que estuvo totalmente oscuro. De repente sintió un ruido, como si alguien la estuviese siguiendo. Miró hacia todos los lados pero no veía a nadie, sin embargo escuchaba una respiración entrecortada, y así divisó una sombra a metros de ella, tras un árbol. Se acercó lentamente y con cuidado. Intentaba no hacer ruido, aunque eso era absurdo porque la persona sabía que ella se estaba acercando, y entre tantas ramas y hojas caídas eso era imposible.
— Vete —exclamó él antes de que ella pudiera verlo.
— No quiero —dijo ella desde el otro lado del árbol.
— Hazme caso —insistió él.
— ¿Qué hago aquí? —preguntó ella mientras se arreglaba el pelo.
— Fue un error —respondió él—, no sé quien lo habrá hecho, pero pagará.
— ¿Qué esta pasando? —por primera vez dejaba notar el miedo que la estaba invadiendo desde que despertó en ese desconocido lugar.
— No puedo explicártelo ahora.
— ¿Por qué te escondes?
— Porque no quiero que me veas.
— ¿Pasa algo? —ella dio un paso hacia delante y al parecer él había hecho lo mismo.
— No, aun —ella avanzó hasta él corriendo—, ¡no vengas! Corre, en dirección opuesta pero no vengas hacia mí.
— ¿Por qué? —estaba a solo metros de él junto al árbol, por esa razón aun no podía verlo.
— Entiende que no te lo puedo decir —repitió él.
— No me interesa —dijo ella y fue hacia él y lo abrazó. No la detuvo, sino que la estrechó a su cuerpo con más fuerza y ambos lloraban, cada uno por diferentes razones que el otro no entendía.
— Dime que esta pasando, por favor —pidió ella, mientras él le limpiaba las lágrimas del rostro.
— Este no es el momento —estaba aburrida de escuchar eso, pero no se lo dijo—, prometo hacerlo muy pronto, ahora debes irte.
— No quiero dejarte solo en este lugar.
— Es lo mejor que puedes hacer.
— Pero… — Estaré bien —tenían sus manos tomadas.
— Promételo —exigió ella.
— Lo prometo —dijo él—, ahora corre en la misma dirección que ibas antes, corre hasta llegar a la ciudad y ve directo a tu casa, y duerme.
— No podré dormir sabiendo que estas aquí, que algo va a pasar —él la miró confundido—, aunque no me lo quieras decir sé que algo va a pasar, no puedes mentirme.
— Nunca te he mentido —dijo él—, pero hay cosas que no he podido contarte, ni debería hacerlo.
— ¿Sabes qué no te dejaré solo pase lo que pase y sea lo que sea? — Lo sé —dijo él acercándose más a ella—, y yo también soy capaz de cualquier cosa, y si no te cuento esto es para protegerte.
— Sea lo que sea, no lo puedes ocultar para siempre.
— Lo tengo más que claro —y miró hacia el cielo, específicamente la luna y finalmente a ella—, ahora ve, ¡corre! —exclamó—, el tiempo se está acabando y si te quedas más tiempo correrás peligro —dijo esto y la besó con gran pasión.
Era la primera vez que lo hacía, y en caso de que llegará a ser la última quería recordarlo para siempre, o solo en el corto tiempo que le podría quedar de vida.
Ella se alejó, pero antes de perderlo de vista, lo miró fijamente y ahí comenzó a correr, como nunca lo había hecho, como si su vida dependiera de ello, y digamos que en esto último no estaba equivocada. Después de mucho rato, sintió un ruido, un grito de dolor, parecía como si la persona estuviese sufriendo su mayor tortura. Quiso volver, pero tenía que obedecer las órdenes de él, además ahora acaba de escuchar un aullido, así que intentó apresurarse. Ya veía las luces de su pueblo, así que no faltaba mucho. Ya sentía que estaba a salvo, que todo saldría bien. Mañana lo volvería a ver, y le pediría una explicación de todo esto, pero lo más importante de todo, es que la había besado y lo había hecho de tal forma que ella supo que él sentía lo mismo, y eso la hizo sonreír mientras pasaba por las primeras casas, poco más allá estaba la de ella, completamente vacía a la espera de su dueña.
- Digamos que estaba algo aburrida y no avanzaba con lo que estaba escribiendo, así que hice una pausa y escribí esto. No es bueno, especialmente el final, pero no me detuve a pensar en lo que hacía además que solo lo hice para pasar el rato .-. espero que alguien lo lea y le guste c: si no avisé que escribí esto es porque acabo de hacerlo ahora, eso sería, hasta algún día :B
Siempre estas en mi mente
PD: Durante la historia aparecen dos canciones que coloqué en el reproductor por si las quieren escuchar mientras lo leen o en el momento que las nombran c:
Decir que fue algo del destino conocernos, probablemente no sea lo correcto, además, no sé si de verdad creo en el destino. Lo que ocurrió ese día lo llamo coincidencia.
Recuerdo que estaba en una tienda de discos; en esos momentos buscaba uno de Jimmy eat World, cuando alguien entró al lugar rápidamente y se acercó a mí, en realidad esa no era su intención, sino pasar desapercibido como me confesó más adelante. Sin embargo me pidió que le prestara mi gorro. En un comienzo no le tomé atención ya que estaba concentrada buscando ese disco. —Te lo devolveré—, prometió él—. Serán solo unos segundos —al darme cuenta que continuaría insistiendo y la desesperación que dejaba notar su voz, se lo presté, sin siquiera mirarlo.
Me parecía extraño que un hombre pidiera prestado un gorro a una mujer; solo logré entenderlo un poco cuando un grupo de niñas de unos 15-14 años entraron al lugar y buscaban a alguien por todos lados. Pasaron cerca de nosotros pero no parecieron encontrar lo que buscaban así que al minuto después ya estaban fuera.
— Gracias —dijo él entregándome mi gorro negro favorito hasta ese entonces—, me has salvado la vida.
— De nada —dije y lo volvía a colocar, mientras continuaba buscando el cd, que apareció antes mis ojos al instante después de acomodar el gorro.
— ¿Te gusta Jimmy eat World? —había pensado que el desconocido ya no estaba a mi lado, por eso me sobresalte al escucharlo—, creo que la respuesta es algo obvia si lo sacaste con esa emoción, y perdón por ser tan odioso —. Fue en ese momento que lo miré por primera vez y me di cuenta que me encontraba al lado de Taylor York, el segundo guitarrista de Paramore.
— …S…i… —respondí con gran dificultad, y supo que yo sabía quien era y me sonrío tímidamente.
Desde ese día habían pasado unos 3 años aproximadamente, y hoy nos volveríamos a ver, después de varios meses.
Habíamos quedado de acuerdo en que yo esperaría su llamada para que me dijera en que hotel se encontraba y lo iría a buscar, ya que en el aeropuerto se encontraría con una gran cantidad de fans y finalmente solo podría saludarme desde la distancia.
La verdad es que estaba acostumbrada a esto, ya que de a poco se había vuelto más famoso y debíamos tener mas cuidado al juntarnos, aunque al final siempre paseábamos por la ciudad y más de alguna fan se acercaba a él.
Como Taylor viaja la mayor parte del tiempo y vivimos en diferentes continentes eran muy pocas las oportunidades que teníamos para juntarnos, por eso la aprovechábamos al máximo y si era posible, intentaba viajar a los otros países donde tocaban, ya que Europa es pequeño y fácil de recorrer.
Miré la hora y comprobé que ya se encontraba en París, así que me miré al espejo y comencé a arreglarme, sabía que en cualquier momento el celular sonaría y volvería a escuchar esa voz después de mucho tiempo y poco después lo volvería a ver, y eso era lo que me mantenía mas emocionada.
Habrá pasado una hora, cuando llamó y me dijo en que hotel se encontraba y me pidió que fuera lo antes posible para aprovechar el día. Así que salí de mi departamento y corrí hasta el metro ya que por ese medio de transporte llegaría más rápido.
Notaba como mi corazón se aceleraba con la idea de que lo volvería a ver, de que al verme correría hacia mí, me abrazaría, me daría un beso en la mejilla, sonreiría y finalmente haría un comentario como: “¡has crecido este último tiempo!, te noto mas alta, o mas fea” Y yo le diría algo muy parecido, o mas cruel para que se enojara y de ahí yo lo abrazaría y me perdonaría. Creo que eso era lo más rutinario de nuestros encuentros ya que siempre hacíamos algo diferente y nos íbamos conociendo aun más de lo que nos conocíamos.
Al fin había llegado a la estación donde me bajaba así que volví a andar lo más rápido posible hasta que encontré el famoso hotel, en el que ya se había quedado anteriormente, así que ya lo conocía un poco.
Cuando entré fui directamente a la recepción donde pregunté por Taylor York. El hombre me preguntó mi nombre así que se lo di y ahí me pasó un sobre el cuál abrí con algo de nerviosismo.
“Ve a la cocina, ahí me encontrarás
PD: Intenta que nadie te vea, puede que hayan fans buscándome y tu ya eres algo conocida.”
Sonreí al leer lo último. Guardé la nota en mi bolso y caminé intentando pasar inadvertida frente a las personas que se encontraban ahí, quieres no parecían notar nada extraño en una simple joven.
En un principio no lo pude ver, pero alguien tapo mis ojos, y supe que él si estaba ahí.
— ¿te aburrió nuestro saludo? —pregunté mientras intentaba que me dejara ver.
— Sólo intentaba darte una sorpresa, Jane —respondió mientras me abrazaba.
— No me has sorprendido Taylor.
— ¿Por qué nunca puedo hacerlo?
— Porque nunca tenemos planes —respondí—, solo nos juntamos y hacemos lo que se nos cruza en el momento.
— Creo que por eso me gusta verte —intenté que él no notará como me hacía sentir esas palabras—, y estás más… —pero ahí se quedó.
— ¿Más qué? —pregunté.
— Más grande —respondió finalmente, aunque yo sabía que eso no era lo que él iba a decir primero.
— Tú pelo esta mas cortó —le dije mientras intentaba tomarlo—, pero te queda bien.
— ¿Tú crees?
— Siempre preferiré los rulos que tenías cuando nos conocimos —admití—, pero creo que de cualquier forma logras verte bien.
— Soy un guitarrista famoso.
— Buen punto.
— ¿Almorzaste? —preguntó cambiando de tema.
— No —había estado toda la mañana pensando en que era lo que iba a ocurrir cuando volviera a verlo, así que no tenía apetito, aunque cuando me preguntó eso mi estómago comenzó a reclamar y él rió.
— Aquí podemos pedir lo que tu quieras —ofreció tomando mi mano y llevándome mas al interior de la gran cocina.
Saludaba a cada uno de los cocineros como si los conociera muy bien. Se acercó al que parecía ser el jefe.
— Ella es mi amiga de la que les hablaba hace un rato —dijo presentándome—y lo saludé—, ¿le molestaría si almorzamos aquí?
— No —respondió él jefe quien parecía ser amable—, pero tienen que hacerlo donde comen todos los cocineros.
— No hay ningún problema —dijimos los dos al mismo tiempo, y él intentando hablar en un francés que se notaba aun le costaba aprender a pronunciar.
— Entonces, vayan no más, y yo les llevo un plato de pasta a cada uno.
Y Taylor me llevó hasta el final de la gran cocina donde había algunas mesas. Nos sentamos en una que estaba vacía.
— ¿Preparado para el concierto de mañana? —pregunté para romper el silencio.
— Eso creo —respondió después de varios segundos.
— ¿Pasa algo? —pregunté preocupada.
— No —respondió él—, solo…pensaba —nuevamente mentía, deduje—, ¿Qué tal los estudios?
— Bien —respondí.
— ¿Podrás viajar a los otros países?
— No creo —respondí con tristeza—, ahora tengo muy poco tiempo, lo siento —y era verdad, realmente quería verlo, y estar con él más de un día, pero era imposible ya que tenía muchos trabajos y libros por leer.
— Entonces intentaremos aprovechar este día al máximo —prometió él intentando sonreír, pero sabía que en realidad estaba algo desilusionado.
Nos fueron a dejar los platos de pasta y comimos mientras intentábamos colocarnos al día con lo que no nos habíamos contado en nuestras conversaciones por diferentes medios.
Le dije que mañana lo vería, que de alguna forma lograría llegar hasta adelante y que si era posible vernos que me avisara que yo iría hasta donde el estuviera sin importar lo que yo estuviera haciendo. Pero el me dijo que mas importante eran mis estudios, y ahí yo le dije que los estudios podían esperar, sería solo un rato el que estaríamos juntos y para lo otro tenía mas tiempo. Y así continuamos discutiendo por otras cosas que no tenían sentido hasta que terminamos de comer, le agradecimos a los cocineros y Taylor quiso pagarles, pero se negaron así que salimos escondidos del hotel.
Intentamos parar de discutir mientras recorríamos diferentes partes de la ciudad. Al pasar fuera de un cine le pedí que compráramos tickets para ver una película.
— No me gusta —reclamó él.
— Pero a mi sí —insistí.
— Deberíamos hacer algo que nos guste a ambos.
— ¡Hemos estado todo este último rato discutiendo! —exclamé enojada—, nunca nos pondremos de acuerdo.
— Si la miramos prométeme que después haremos lo que yo quiera —propuso al darse cuenta que yo no cambiaría de parecer.
— Esta bien —y fui a comprar las entradas, mientras unas niñas se acercaban a pedirle autógrafos. Esperé a que se fueran y fui a su lado—, Tenemos más de una hora para hacer lo que tú quieras —y como acostumbraba a hacer, tomó mi mano y continuamos caminando. Al parecer el no notó como me estremecía cuando hizo esto, como siempre ocurría— ¿Tienes alguna idea?
— Aunque no lo creas si —respondió él.
— ¿demoraremos mucho? —él negó.
— Es aquí cerca —respondió—, prometo que estaremos de vuelta a tiempo.
— Eso espero.
— Estamos llegando —confirmó él.
Fue necesario retroceder tres años, para darme cuenta de que era lo que quería hacer. Así entramos a la tienda discos en la que hablamos por primera vez. Me llevó al mismo lugar en el que hace tres años yo buscaba un disco de Jimmy eat World, una de nuestra banda favorita.
— ¿Lo recuerdas? —preguntó.
— Como si fuera ayer —respondí mientras miraba los discos y él se colocaba tras de mi y me ayudaba.
— Esa vez yo te pedí prestado un gorro.
— Aun lo tengo —confesé.
— ¿Enserio? —preguntó sorprendido, y yo asentí.
— De vez en cuando lo uso.
— Es raro que ahora no andes con uno.
— Lo sé —dije—, salí apurada de mi departamento.
— ¿Te presto el mío?
— ¿Estás seguro de que quieres eso? —pregunté sorprendida. Sabía que él pocas veces se quitaba su gorro, y aunque cuando nos encontramos lo tenía en su mano, muy pocas veces se lo quitaba.
— Quiero que tú lo tengas por ahora e intentó colocarlo con el mayor cuidado posible.
— Gracias —dije dándole un beso en la mejilla.
— Ahora busca un disco —pidió él— y busca una canción que quieras dedicarme.
— ¿Tiene que ser aquí dónde estamos? ¿o en cualquier parte?
— En cualquier parte —respondió.
— ¿Harás lo mismo? —pregunté.
— Por supuesto.
Nos separamos y fuimos en direcciones opuestas en busca de la canción para el otro. El problema era que yo no sabía que canción dedicarle, y es que una parte de mi deseaba dedicarle una canción que dijera lo que realmente sentía pero, ¿era este el momento de declaraciones? Además, ¿qué pasaría si le dijera lo que siento pero él no siente lo mismo que yo? Y al mismo tiempo no quería mentirle. Así que decidí ir hasta donde él estaba sin que lo notara para tener una idea de que era lo que quería dedicarme. Pero no logré ver que era lo que buscaba y me vio.
— Creo que decidimos buscar en el mismo lugar —dijo mientras hacía como si buscaba algo, pero mantenía la mirada fija en mí.
— Eso creo —mentí y rápidamente me alejé aun más confundida, mientras revolvía todos los discos que encontraba sin saber que dedicarle; hasta que decidí acercarme a él—, no puedo hacer esto Taylor —admití finalmente.
— ¿Por qué?
— Porque…no encuentro una canción —respondí no muy convencida.
— Pero…debe haber una —insistió él—, yo ya tengo la mía.
— ¿enserio?
— Si —respondió—, pero no sé si deba mostrártela ahora.
— ¿Por qué?
— Porque tú no tienes una canción para mí.
— Prometo tener una de aquí a que tengamos que separarnos.
— Si es así, yo te la muestro cuando la tengas.
— Trato —dije estirando mi mano para que él la estrechara.
— Trato —repitió—, ahora deberíamos ir al cine.
— Si —apoyé y él se alejó de mí llevando un cd en sus manos. Aproveche de ir hasta donde había estado poco antes para ver mas o menos que era lo que iba a dedicar, entre esos discos encontré uno en el cual me detuve, era el Coming home, de New found Glory, lo tomé y recordé una canción, ¿sería lo mejor elegirla? Me pregunté, si lo hacía revelaría mis sentimientos, y no estaba preparada para eso aun.
— ¡Ya tengo la canción! —grité y él corrió hasta mi lado.
— Ahora llévalo y al separarnos nos entregamos los discos con la canción que cada uno eligió.
— Me gusta la idea —y fui a pagarlo.
Mientras caminábamos me adelantó algunas cosas de cómo sería el concierto y sentí esa extraña emoción que te da cuando estás a punto de ver a tu banda favorita, solo que en esta caso el guitarrista de ella era uno de mis mejores amigo y yo lo amaba secretamente. Llegamos al cine y estaba completamente vacío.
— Esto es lo bueno de venir temprano —dije cuando entramos—, nadie viene a mirar películas.
— Excepto los niños.
— ¿Crees que vendrán?
— Es lo más probable —respondió.
— ¿Te molesta?
— Si estoy contigo, no —cuando dijo eso apreté mas su mano, pero él intentó ignorar eso.
Compramos palomitas y algunas cosas más para comer y fuimos a sentarnos. El cine aun estaba vacío así que elegimos los mejores puestos y nos acomodamos.
— ¿Por qué esta película? —preguntó él.
— Porque es de mis favoritas —respondí.
— ¿Qué pasa si me duermo?
— Te despertaré.
— ¿Y si me quiero ir?
— No dejaré que me dejes sola.
— ¿Y si igual me voy?
— No te hablo más.
No continuamos hablando porque entraba un grupo de niños, quienes nos miraron confundidos ya que era muy extraño que dos personas adultas fueran al cine en ese horario. Taylor me miró y ambos reímos.
— Las cosas que hacemos —dijo él.
— ¿Pero lo disfrutas o no?
— Hasta ahora si —admitió él.
— Ha sido una tarde extraña —dije—, muy diferente a las otras que hemos tenido juntos.
— Si —apoyó él—, pero espero que pase a ser una de mis favorita.
— Yo también.
Llegaron unos cuantos grupos de amigos más y la película comenzó. Casi al instante quise llorar, a pesar de haberla visto varias veces, cuando ya no pude controlarme lloré, intentado evitar la mirada de mi amigo, pero al rato después el me abrazó y ya me fui imposible evitar esto. Vi a mi amigo y noté como él también estaba a punto de llorar en ese momento reí y el entendió porque lo hice y reímos juntos.
— Pagarás por esto Jane Chavanel.
— No lo creo.
— Solo espera…
— ¿Quieres llorar?
— No —respondió él—, ¿y tú?
— Ya no más —dije—, la película esta por terminar.
— Entonces —comenzó a decir el mientras se acomodaba y yo tuve que volver a sentarme correctamente—, supongo que puedo hacer esto —y comenzó a lanzarme palomitas. Comencé a imitarlo y estuvimos por mucho rato en el cual no nos dimos cuenta cuanto habíamos logrado llamar la atención, haciendo que nos echaran del cine.
— ¡Mira lo que hiciste! —exclamé enojada—, ¡ahora no terminaremos de ver la película!
— Conociéndote estoy segura que ya la viste varias veces.
— Si, pero…no es lo mismo verla con otras personas o sola que contigo —sentí como me sonrojaba así que di media vuelta y comencé a alejarme de él.
— ¡Espera! —gritó y comenzó a seguirme—, no me dejes… —y me detuve. Él se acercó a mi y tomó mis manos—, paremos de pelear —pidió mirándome a los ojos—, no me gusta esto.
— A mi tampoco me gusta Taylor…
— Somos muy diferentes a veces, lo sé —continúo diciendo—, y creo que eso hace que me atraigas más —, confesó—, eres mi amiga Jane, y no quiero perderte.
— Yo tampoco quiero perderte Taylor —confesé—, nos conocemos desde que tenemos 18 años y aunque nos separé un continente, siento que te conozco muy bien y he notado como ambos hemos crecido.
— ¿No más peleas por hoy?
— No mas peleas por hoy —prometí—, ahora sigamos caminando, que las personas van a pasar sobre nosotros.
— Tienes razón —y tomó mi mano para que continuáramos caminando.
Probablemente muchos pensarán que somos pareja al vernos así, y es que eso era lo que mas deseaba aunque en el fondo solo fuéramos amigos. Y dolía a veces, o mejor dicho siempre, pero era mejor tenerlo como amigo, a que perderlo para siempre.
Y así recorrimos muchas partes, estuvimos probándonos ropa, mirando cosas de todo tipo y conociendo lugares nuevos, incluso para mí y así estuvimos hasta que llegamos a una plaza.
Le enseñé como darle de comer a los pájaros que andaban cerca nuestro. Era algo que acostumbraba a hacer cada vez que tenía tiempo y tenía ganas de salir. Estuvimos ahí hasta que se nos quedo muy poca y nos dimos cuenta que comenzaba a oscurecer.
— No quiero volver al hotel aun —admitió él—, el resto de seguro encontró algo que hacer y dudo que estén si vuelvo ahora.
— No tienes que hacerlo, si no quieres —dije—, aun queda mucho que hacer, creo.
— Uno siempre encuentra algo que hacer en París.
— Eso es cierto —apoyé.
— Y ahora tengo hambre —confesó él mientras escuchaba como su estomago reclamaba.
— ¡¿Por qué no lo dijiste antes?!
— Porque estábamos entretenidos —respondió—, me gusto mucho darle de comer a las aves.
— Es muy relajante —dije—, pero ahora vamos a comer.
Poco más allá de la plaza se encontraba un lugar para comer así que ahí fuimos. Pero al entrar nos dimos cuenta que no era un simple lugar para comer, sino que uno muy fino y elegante.
— Creo que nos equivocamos de lugar —dije cuando nos sentamos en la mesa mas lejana.
— Si no fuera porque tengo demasiada hambre diría que nos vayamos de aquí.
— ¿Estás seguro de querer quedarte aquí?
— Eso creo —respondió.
Miramos el menú y pedimos cualquier cosa.
— Se esta haciendo tarde —dijo él.
— ¿Volverás al hotel después de que comamos?
— Eso creo.
— ¿No puedes volver mas tarde? —pedí.
— Me gustaría —admitió él—, pero mañana desde temprano tenemos entrevistas y debemos practicar, conocer a los fans, y muchas cosas más.
— ¿Podré verte después del concierto?
— Eso espero —dijo él.
Y continuamos hablando acerca de cómo haríamos para volver a vernos, y si había alguna forma de hacerlo mas seguido, al parecer ambos necesitábamos más tiempo para compartir juntos. Nos dieron la comida y él me miró confundido.
— ¿Qué es esto? —preguntó él viendo su plato de comida.
— ¿la verdad? No lo sé —admití.
— Bueno, tendré que comerlo —dijo resignado, al ver lo extraño que era su plato.
Sin embargo pareció gustarle porque en ningún momento se quejó y rápidamente lo acabó.
— Podríamos bailar —propuso él.
— ¿Estás seguro de que eso quieres? —pregunté—, ambos sabemos que no somos muy bueno bailarines.
— No importa —dijo él—, aquí nadie nos conoce. Y tomó mi mano para que fuéramos a la pista que estaba un poco más allá de nuestra mesa.
— ¿Estás seguro de querer esto? —volví a preguntar, mientras me dejaba llevar por sus descoordinados pasos.
— Si —repitió él. Ambos reímos cuando estuvimos a punto de caernos—, me aburrí de esto —dijo cuando pudo parar y se alejó de mí y comencé a girar sin soltar su mano en ningún instante. Algunas personas nos comenzaron a mirar, y algunos de ellos reían, y así seguimos haciendo cualquier paso sin importar el ritmo de la música hasta que esta se detuvo y nosotros también. Ahí nos dimos cuenta que todos se habían detenido y nos miraban. Ahí salimos de la pista y pagamos la cuenta, o mejor dicho él lo hizo.
— Nunca olvidaré esto —dije cuando ya estábamos fuera.
— Yo menos —y volvió a reírse—, ¿viste como nos miraban?
— ¡Si! —exclamé mientras volvía reírme.
— ¿Qué pasa si continuamos bailando? —pero no esperó a que yo respondiera y comenzamos a bailar en la calle, sin importar las miradas curiosas, risa y rabia de algunos que veían interrumpido su camino. Lo extraño de todo esto fue que de un momento a otro nuestros labios se juntaron por un par de segundos, pero ambos nos separamos rápidamente y no fuimos capaces de mirarnos. Estaba confundida, ¿cómo llegamos a eso?, pero él rápidamente se acercó a mí y volvió a besarme, esta vez no nos separamos al instante, sino que intentamos que el beso fuera eterno.
— Lo siento —dijo él mientras caminaba alejándose de mí, en un principio no fui capaz de seguirlo, pero al rato comencé a correr hasta alcanzarlo.
— ¡Espera! —grité y él se detuvo—, aun no termina esto.
— Jane…acabo de besarte.
— Lo sé —dije—, pero no por eso esto se acabará.
— No tuve que haberlo hecho —comenzó a decir—, nada volverá a ser igual…
— ¡Puedes callarte! —exclamé y el obedeció—, ¿quieres que acabe la noche aquí? Bien, hasta pronto —dije con rabia, pero antes de irme saqué de mi bolso el paquete con el disco que había comprado y se lo entregué—, la canción ocho es la que tenía elegida para dedicarte, si quieres escúchala apenas llegues al hotel o no lo sé, y por favor dime que es lo que piensas de ella cuando lo hayas hecho —y me alejé de él pero se acercó a mi para entregarme él disco que había elegido.
— La canción es la cuatro —dijo mientras intentaba recuperarse después de haber corrido un poco—, también avísame cuando la hayas escuchado, sea bueno o malo lo que tengas que decirme —y se fue en dirección opuesta a la mía.
Mis ojos se llenaron de lágrimas en cuanto supe que él estaba lejos e intenté volver a mi departamento lo más rápido posible, algo que no fue fácil ya que estaba muy lejos.
Había elegido dedicarle Too good to be, de New found Glory, esa canción decía todo lo que sentía por él.
Deseaba decirle lo que sentía ya no me importaba si era algo correspondido o no, pero ya no soportaba esto, menos aun después de haber probado esos labios.
Dejé el disco sobre la mesa sin ser capaz de ver cual era y escucharlo.
Prendí el televisor y al instante me apareció una de esas típicas comedias romántica con final feliz así que cambie de canal y solo me detuve cuando en uno de ellos hablaron del concierto de la banda de mi amigo, pero no fui capaz de seguir viéndolo y la apagué. Fui hasta mi habitación y me acosté, sin saber que hacer. No podía sacarlo de mi mente, varios recuerdos venían a mí, de momentos que sabía, nunca lograría olvidar, como cuando nos besamos, y nada absolutamente nada importaba, solo grabar ese momento en la memoria para siempre.
El timbre sonaba y no sabía si abrir o no. Podían ser mis padres, mi hermano, mi mejor amiga, o no lo sé, pero ellos siempre avisaban antes de llegar, a no ser de que fuera algo muy urgente, así que me miré rápidamente al espejo para ver si mi aspecto no dejaba ver como había llorado poco antes, y al comprobar que no era así y haber retocado un poco el maquillaje fui a abrir, pero estaba equivocada, no era ningún familiar o mi mejor amiga, sino Taylor York. Quien no espero a que lo invitará a pasar y entró cerrando la puerta.
— ¿Qué haces aquí? —pregunté.
— ¿Escuchaste la canción?
— No —admití.
— Hazlo —pidió él y yo obedecí.
Fui a la mesa a buscar el disco y lo saqué del envoltorio. Me sorprendí al ver que era Coming home de New found Glory, el mismo disco que había comprado para él.
— ¿Canción cuatro cierto? —el asintió y coloqué el disco. La canción la reconocí al instante era, On my mind, no quise escucharla completa y lo dejé en pausa.
— ¿Escuchaste mi canción? —pregunté con algo de dificultad, ya que continuaba muy confundida.
— Por eso he venido —y se acercó a mí, quedando justo al frente y tomó mis manos—. Has dicho lo que yo hace mucho he querido hacer y no he sido capaz, creí que sería capaz con este juego, pero estaba asustado. Tenía miedo de que tu no sintiera lo mismo y podría perderte —iba a decir algo más pero no lo dejé y lo besé.
Esta vez no habrían interrupciones, ni negaciones, lo sabía porque ahora ambos no teníamos de que temer, y solo debíamos disfrutar este momento, fuimos avanzando hasta llegar a mi habitación donde me recosté en la cama y el sobre mí, donde nuestros labios parecían no estar dispuestos a separarse, cuando esto paso sus manos fueron hasta los botones de mi camisa que comenzaba a desabrochar. Después de quitármela él se sacó su polera y continuamos besándonos, pero aun no estábamos completamente desnudos así que terminamos con eso y lo miré a los ojos. Eso me confirmó que todo esto era real, que no existían mentiras, ni engaños, sino amor, y que solo teníamos esta noche, y de ahí tendríamos que esperar mucho tiempo, por eso me dejaba llevar de esa forma por el momento, como si no fuera a existir futuro. Y es que ahora éramos uno solo y sentía que nadie podría separarnos, que no existía en estos momentos otra mejor forma de demostrarnos ese amor que habíamos mantenido tan oculto.
Sin embargo llega un momento en cual ya no se puede mas y volvimos a ser las mismas personas que se miraban ya sin saber que decir.
— No te vayas —le pedí cuando por fin pude hablar—, quédate esta noche conmigo, por favor.
— Lo haré —dijo dándome un beso en la frente y después de esto me abrazó—, pero tendré que irme temprano.
— Lo sé —di media vuelta para mirarlo—, ¿por qué no puedo tenerte a mi lado siempre?
— De ahora en adelante intentaré no separarme tanto de ti —prometió él.
— Eso espero.
— ¿Qué será de nosotros ahora?
— No lo sé —admití—, solo sé que no quiero perderte, que no quiero ser solo tu amiga.
— Eres mucho más que eso Jane —dijo él.
— Entonces…
— No quiero que sigas siendo mi amiga —interrumpió él—, se mi novia —pidió.
— ¿De verdad eso quieres? —pregunté—, ¿y la distancia?
— No me importa —respondió.
— Creo que deberíamos aprovechar esta noche —dije cambiando de tema mientras me acomodaba y lo besé.
Y es que desde que hablamos por primera vez, sentí algo especial con él, y por esa razón es que nunca quise perder el contacto con él, no porque fuera famoso, sino porque sabía que en el fondo el era una personas más, y que en algo en él me atraía, y finalmente se robó mi corazón. Y creo que cuando me di cuenta de lo que sentía supe que no me importaba que el fuera un famoso guitarrista que viajara por todo el mundo, que tuviera que estar al lado de una hermosa cantante, o que viviera en otro país y continente, o hablara un idioma diferente, nada de esto nos separaría y por ahora yo podía vivir con todo esto, y de a poco iríamos encontrando la forma para que nuestro amor no se muriera debido a nuestras diferencias y la distancia, porque sabíamos que lo nuestro era verdadero.
Ahora debía aprovechar esta noche. Sabía que lo más probable es que al despertar él ya no estuviera a mi lado, por eso volví a besarlo, para que entienda que la noche aun no acababa y que debíamos aprovechar cada segundo…
- Eso sería, espero que les haya gustado c: quedado demasiado larga ._. y no sé no tuve tiempo para acortarla más encima esta andaba super lenta cuando intente cambiar el tema, si iba a subirlo antes D: ya eso sería, intentaré subir otra cosa lo antes posible e intentaré que no sea tan fome como esta :3
¿Y cómo comenzar esto? O mejor dicho, ¿cómo comencé esto? Se podría decir que la historia de una cantante que se enamora de un joven ciego, no la comencé a escribir así no más. La idea surgió de un momento a otro, hace mucho tiempo, mucho antes de que la escribiera. Sin embargo, no pasó por mi mente escribirla, porque en esos momentos estaba con otra historia que finalmente no termine, y al no hacerlo, decidí no escribir más historias de este tipo. Pero, ¿qué pasó? Resulta que estaba aburrida de ver como la mayoría de las historias que leía se trataban principalmente de un amor extremadamente superficial y obsesivo, estaba aburrida de leer siempre de lo mismo, necesitaba algo distinto y así, de un momento a otro comencé con esta historia. En un comienzo no sabía que hacer, no quería continuarla, sentía que no valía la pena, que ya no debía seguir con esto, pero decidí continuarla hasta terminarla, sin saber si debía publicarla o no. A lo que quiero llegar es que esta historia salió de un momento a otro, y cuando me di cuenta de que era lo que quería supe que solo iba a existir un final: Hayley Williams & Nicholas Hinrichsen juntos para toda la vida. Y créanme que hacer un final de ese tipo para mí nunca ha sido muy de mi agrado, pero quería algo que me demostrara que podía existir alguna historia de amor verdadero que fuera mas sencilla y que no fuera superficial, y creo que el hecho de que Nicholas fuera ciego, le agrego ese toque que necesitaba, al igual de que Hayley supiera perdonar todos los errores del pasado de él. Por primera vez dejé de darle importancia a hacer una historia totalmente diferente, sorprendente y algo dramática, y quise hacer una historia simple que hablará de un amor simple, y verdadero. Probablemente no haya sido tan de mi agrado, pero por lo menos lo intenté, si dio resultado, creo que sólo los que la leyeron pueden saberlo. En cuanto a Flush (mascota de Nicholas), desde un comienzo supe que quería que tuviera esa mascota, pero que fuera como la creé se debe a un libro que leí poco después de haber comenzado a escribir La única excepción, el libro se llamaba Flush y se trataba de como este perro veía a su dueña y la historia de amor que tenía con un hombre. Obviamente no lo hice igual, y ni siquiera le di la importancia que tenía en este libro, pero sentí que necesitaba una pequeña base de esto. En cuanto a Elizabeth Turner y Thomas Farro, ellos vinieron a mi mente muy recientemente. Cuando me di cuenta que no podía escribir el típico final “y vivieron felices para siempre”, sentía que hacer eso, no era lo mejor, por mas que mi objetivo final fuera mostrar eso, así mi mente imagino a la nieta de Hayley Williams y quien podría ser su novio…el nieto de Joshua Farro. Al hacer esto, me preocupé de que no perdiera nunca la idea del “y vivieron felices para siempre…” y creo que lo logré, probablemente no pude dejar mi dramatismo de lado, y tuve que colocar que Nicholas, ya no estaba vivo, pero a pesar de esto, el amor seguía. Y no lo sé, esta historia tuvo sus altos y bajos, hubieron días en los que escribía mucho, otros en los que mi mente estaba en blanco, o no tenía tiempo. Muchas veces creí que no la terminaría, pero lo logré. Y no sé en cuanto a los Farro…cuando ocurrió todo recién había comenzado a la historia y no sabía que hacer, porque en un comienzo no sabía que pensar, pero bueno eso sería. Escribí mucho y siento que no dije tanto, probablemente nadie lea esto. Ni siquiera sé que haré con este tumblr. El fic/novela o lo que sea, se acabo, pero no quiere decir que haya dejado de escribir. Incluso debo admitir que ya estoy con uno nuevo, pero no estoy segura si debo publicarlo o no, además no es un fic cualquiera. Tengo otras cosas escritas, como también puedo escribir otras, pero no fic’s porque el que escribo ahora será el último, pero si lo llegará a publicar lo haría cuando este terminado, imposible antes. Hasta aquí llego, puede que de un momento a otro publique algo, y si llegará a publicar este fic, que comencé recientemente, avisaría con anticipación y para hacerlo debería estar segura que por lo menos alguien lo leerá. Finalmente La única excepción creo que fue el fic con menos lectores que he tenido, con suerte fueron 4 .-. por lo que sé. Igual después de todo, todos los que he escrito han sido penosos x) ya adiós, hasta algún día. Para cualquier cosa mi twitter es http://twitter.com/#!/Priskadidiit y ahí mismo está el link de mi otro tumblr.
La única excepción:
Mi corazón es tuyo:
— ¿Estás preparada? —preguntó mi abuela después de dejar todo lo que llevaría junto.
— Eso creo —respondí tímidamente.
— Antes de que te vayas quiero darte unas cosas —yo la miré sorprendida. Indicó donde estaba el piano, y para mi sorpresa, al lado se encontraba una guitarra y sobre el otro instrumento el gran libro con la historia de amor de mis abuelos.
— ¿Estás segura que quieres darme esas cosas? —pregunté sorprendida, sabía lo especial que eran esas dos cosas para ella.
— Si —respondió—, lo necesitas más que yo.
— ¿Segura?
— Si —repitió ella—, esa guitarra solo es una más, recuerda que la que iba pasando de generación en generación se la di a tu prima que se dedica a la música ahora. Tú eres una pintora.
— Lo sé —dije—, gracias abuela —sabía que no le gustaba mucho que le dijera así, pero no le dio importancia—. La guitarra lo puedo entender —dije cambiando de tema—, pero, ¿el libro? Es toda su historia, estuvieron años escribiéndola juntos, ¿de verdad me la quieres dar?
— Como dije anteriormente —comenzó a decir ella tranquilamente—, tu la necesitas mas que yo. Me sé esa historia completa, además, tengo una copia.
— Entonces… ¿de verdad es mía?
— De verdad es tuya —y me acerqué a abrazarla—, ahora vete, o llegarás tarde.
— Cierto —dijo ella—, gracias por todo, Hayley.
— No tienes porque agradecerlo.
— Te extrañaré —admití mientras tomaba mi bolso, la guitarra y el libro.
— Yo también.
— Cuídate.
— Lo Haré —dijo ella—, para cuando regreses, seguiré aquí, de eso tienes que estar segura.
— Entonces nos vemos abuela —dije abrazándola por última vez y dándole un beso en la mejilla.
— Cuídate y se feliz —me aconsejó.
— Eso haré —prometí. Me acompaño hasta la puerta y ahí volví a despedirme.
— No te pediré que vuelvas lo antes posible —dijo ella—, sino que uses todo el tiempo que él necesite, nunca le des la espalda, deja que cumpla sus sueños.
— Por eso lo estoy acompañando —dije—, quiero que cumpla su sueño —y me fui.
— Sean felices —exclamó ella, ya que me estaba alejando mas de ella—, adiós.
— Adiós —grité—, te amo, abuela. Y espero volver a verte —esto último lo dije más bajo, así que lo más probable es que ella no lo escuchara.
Y así todos crecen, y se alejan, pensé. Es algo que tarde o temprano nos pasa, y tenemos que saber elegir el mejor momento y con quien lo haremos. ¡Te extraño tanto Nicholas! Cada día se hace eterno sin ti —quiso decir ella en voz alta—, pero aquí aun me necesitan y prometí esperar el momento en que la muerte se volviera algo inevitable. Y aunque mi nieta mas pequeña y con la que mas se había llevado, ya no estuviera a su lado, la seguiría apoyando, pues no la dejaría sola, aunque ya estuviera grande para poder tomar todas sus decisiones, además tenía el libro y en el encontraría muchas respuestas a sus preguntas.
Así que ahora solo debía descansar y recordar, esos bellos momentos con el amor de su vida…
Cuando llegué a mí departamento arreglé rápidamente todo lo necesario, aparte de cosas para dibujar y pintar. Algunas ya terminadas que vendería en algunas de las ciudades. Y la guitarra. Pero al ordenar un poco algunas de las cosas que tenía en la casa encontré los viejos discos de Paramore, la banda de mi abuela, al ver el primero de todos tuve una idea. Así que rápidamente saqué la guitarra que me había regalado Hayley Williams y comencé a practicar la canción.
— ¿Estás seguro de que quieres hacer eso mamá? —preguntó Lisa por enésima vez.
— Si —repetí.
— Pero…
— Pero nada —dije con algo de rabia—, esto es lo mejor para todos.
— Hayley, entiende que no estás sola —insistió ella—, podemos cuidarte.
— Pero no quiero que lo hagan —dije mientras intentaba dejar mis cosas donde estaba sentada, pero era demasiado pesado para mí. Mi hija se acercó para ayudarme—, no quiero seguir siendo una carga.
— ¡No lo eres! —notaba como ella estaba conteniendo las lágrimas—, nunca lo has sido.
— Ya no soy joven —dije—, mi cuerpo se esta muriendo lentamente, y necesito tratamiento para poder vivir mas tiempo, y esto usará mucho tiempo que no quiero quitárselos. Además podrán verme cuando quieran y yo siempre los recibiré felizmente.
— No será lo mismo —repitió ella.
— Hija, prometí quedarme en este mundo la mayor cantidad de tiempo posible, y lo cumpliré.
— ¡Pero te alejarás de nosotros!
— No es tan así —dije intentando calmarla—, no queda lejos, y como ya dije, podrán verme todo el tiempo.
— Mamá…
— Esto lo hago por ustedes, por nadie más.
— Lo sé, pero…no quiero que te alejes de nosotros, podemos llevarte a los mejores doctores.
— Pero no quiero que lo hagan —insistí—, preocúpate de vivir tu vida, preocúpate de tus hijos tus nietos, yo estaré bien, y por favor no te olvides de visitarme con el resto de tu familia.
— Entonces, ¿no hay forma de que cambie de opinión?
— No la hay —dije tomando algunas de mis cosas y ella las otras.
— ¿Elizabeth sabe esto?
— No —respondí—, y no quiero que se entere.
— ¿Dónde está ahora?
— Esta en el lugar que debería estar, con la persona que debería acompañarla y siendo feliz.
— ¿Qué pasará cuando quiera saber de ti?
— Díganle que estoy bien —respondí—, aunque creo que mantendremos siempre el contacto aunque no este aquí, solo que no le diré donde estoy.
— ¿Y cuando quiera verte?
— Ahí le diré todo y se lo explicaré, lo va a comprender, de eso no me cabe duda —salimos de la casa, y subimos a su auto.
— Si algo esta mal por favor, no lo ocultes.
— No lo haré —prometí—, pero no creo que lo que tenga sea tan grave, por suerte siempre fui una persona muy sana.
— Si —apoyó ella.
Encendió el auto y fuimos en dirección al asilo de ancianos. Sabía que nadie estaría de acuerdo en un comienzo con esta decisión, pero de a poco irían comprendiendo que era lo mejor para todos. Yo ya no era joven ni sana, ellos ya no son unos niños, están en su derecho de vivir la vida, y no tener que preocuparse de esta anciana. Sé que me irán a ver siempre, que no estaré sola, por eso quise ir voluntariamente. Logré crear una familia muy unida, y probablemente por eso les cueste más aceptar mi decisión, pero todo es cuestión de tiempo, y tiempo aun hay, y Nicholas, sigue ahí, esperándome.
Escuche la bocina del viejo bus de mi novio, miré hacia la ventana y lo vi, había bajado y miraba hacia donde yo estaba, le tiré un beso con la mano y sonreí. Vi como ingresaba al edificio para buscarme y ayudarme con las cosas.
Dejé aparte la guitarra, donde no pudiera verla, para sorprenderlo. Abrí la puerta antes de que tocara el timbre y corrí a los brazos de él y lo besé.
— ¿Estás lista? —preguntó él.
— Por supuesto —respondí.
— Esto no será fácil Elizabeth —advirtió—, estaremos la mayor parte del tiempo viajando y…especialmente para las mujeres, esto no es muy cómodo.
— No me interesa —dije—, contigo voy a donde sea y como sea, no me interesa tener que ir incómoda, dormir en el suelo, o no tener dinero. Solo con saber que estás a mi lado, soy feliz —él corrió a abrazarme y me llenó de besos.
— ¿Por qué eres tan adorable? —preguntó—, ¿por qué debo amarte tanto? —y volvió a llenarme de besos.
— Mejor llevemos las cosas al bus.
— Tienes razón —y tomó mis pinturas y las llevó con gran cuidado, yo tomé el bolso, dejando los obsequios de mi abuela para hacerlo volver—, no tienes que preocuparte de dormir en el suelo —comenzó a decir el mientras bajábamos—, el bus no es tan viejo y tiene dos camas.
— ¿Una para cada uno? —pregunté.
— Si eso es lo que quieres…
— ¡No! —exclamé.
— ¿Quieres que durmamos juntos?
— Eso creo —admití mientras mis mejillas tomaban un color rojizo—, me gusta acostarme y mirarte.
— Yo no me aburriría de mirarte —dijo él—, eres hermosa Elizabeth, esos ojos, son perfectos
Llegamos a donde estaba el bus y entramos. Él tenía razón, no era tan antiguo y estaba completamente equipado, incluso me di cuenta que si había espacio para que yo pudiera pintar tranquilamente.
— ¿Qué te parece nuestro nuevo hogar? —preguntó al dejar todo ordenado y abrazarme por detrás.
— Es perfecto —dije buscando sus manos.
— ¿De verdad?
— Si —respondí—, creo que no puede ser más perfecto para nosotros.
— ¿Estás lista?
— Aun me queda una cosa y debo cerrar todo —respondí—, ¿me esperas?
— No —respondió él—, anda, yo te alcanzo.
— Ok —y bajé del bus.
Todo había resultado como había esperado. Así que rápidamente subí hasta llegar a mi departamento y tomé la guitarra, esperando a que él llegara, no pasó mucho tiempo, y cuando me vio con guitarra en mano me miró confundido.
— Es una sorpresa que tenía para ti… —comencé a decir nerviosa—, espero que te guste.
Y comencé a tocar My heart, una de las canciones del primer álbum de Paramore, la banda en la que habían estado nuestros abuelos, y esta canción la habían compuesto ellos, cuando se amaban.
Empecé a cantar y vi como estaba impresionado pero finalmente fui yo la que me sorprendí al ver como sus ojos se llenaban de lágrimas, en ese momento yo también quise llorar, un sollozo con una mezcla de risa se escapó de mis labios y ambos sonreímos, sin embargo nunca dejé de tocar. Ahora él se acercaba a mí, y se acomodó a mi lado, y cantó conmigo, y así hasta que la canción terminó y me besó.
— Ha sido lo más hermoso que alguien ha hecho para mí —dijo él aun con lágrimas.
— Esto es lo que siento mi amor —dije intentando limpiar las lagrimas, pero estás no querían detenerse—, mi corazón es tuyo.
— Mi corazón solo tiene un dueño —dijo él— y esa eres tú —y tocó mi nariz, volví a sonreír a besarlo.
— No soy muy buena cantante, como mi prima o mi abuela, pero al menos intente hacer algo.
— Para mi, esta ha sido la versión mas hermosa que he escuchado de My heart —dijo él—, nunca olvidaré esto cariño.
— Yo tampoco.
— ¿Podrías volver a tocarla mas adelante?
— Todas las veces que quieras.
— Gracias.
— Pero me gustaría y que también la cantaras conmigo.
— Eso no tienes que pedirlo —dijo él ahora levantándose y tomando una de mis manos para que yo también lo hiciera—, a ti te cantaría todas las canciones de amor que existen, y te dieras cuenta cuanto te amo.
— No necesitas hacerlo —dije—, ya sé que me amas.
— Agradezco haber tocado esa noche en el bar y haberte ayudado —dijo él—, mi vida no sería como esta si no hubieras entrado a mi vida.
— No puedo imaginarme una vida sin ti —admití—, eres lo que necesito.
— Y siempre estaré ahí —dijo él—, hasta cuando estemos viejitos, y apenas podamos caminar o vernos, yo te esperaré con una flor, un beso y tomaré tu mano —repetía estas palabras de mi abuelo, quien ciertamente le había dicho en mas de una ocasión a mi abuela.
— Y yo siempre estaré esperando eso, y decirte una y otras vez que te amo y que eres todo para mí. Tomaré tu mano y te haré sonreír.
— Ahora debemos irnos mi amor —dijo él mirando el reloj —, mañana tengo que tocar en un bar en una ciudad no muy cercana, así que tendré que conducir mucho.
— Yo te ayudo, así que no te preocupes.
— ¿Te ayudo con eso? —preguntó indicando mi guitarra. Se la presté y la guardo en la funda, mientras tanto fui a apagar todo y finalmente tomé mi libro.
Salimos del departamento, en el cual habíamos vívido tantas cosas, donde nuestro amor se dejo llevar sin límites.
— ¿Qué llevas ahí? —preguntó indicando el gran libro que llevaba en mi mano derecha.
— La historia de amor de Nicholas Hinrichsen y Hayley Williams —respondí.
— ¿Crees que nuestra historia llegue a ser como esa? —preguntó.
— Sería lo ideal —respondí—, pero creo que nosotros deberíamos crear la nuestra, a nuestra manera. Para ser ideal, no tiene porque ser como la de ellos, solo debemos amarnos y aprender a convivir juntos toda la vida.
— Tendremos nuestra propia historia de amor Elizabeth Turner —dijo él—, será como ninguna otra. Lo prometo, como también prometo hacerte feliz y amarte siempre…
— Yo también prometo amarte siempre Thomas Farro —comencé a decir mientras subía al bus, estaba vez al asiento del acompañante—, y ten por seguro que siempre te apoyaré en todo.
— Lo sé cariño —dijo él y besó a su novia—. Nada nos separará, nada…
Cerró la puerta de mi puesto, y subió rápidamente donde el conductor. Me miró fijamente, y tomó mi mano para besarla.
— ¡Vamos a vivir la vida, y amarnos! —exclamó mientras encendía el auto y yo buscaba en mi bolso el All we know is falling, el disco de Paramore, en el que estaba nuestra canción.
— Esto nunca fue lo que imaginé —dije cuando empezó la canción—, es mil veces mejor y no lo cambiaría.
Tomé su mano izquierda y la besé. Mis abuelos me habían enseñado a creer en el amor, por sobre todas las cosas, en creer que en esto mundo existía una persona para nosotros y que teníamos que cuidarla, porque sería la única que estaría todo la vida a al lado de uno, y eso era lo que yo haría, cuidaría de Tom. Si de algo estaba segura es que él era esa persona que estaría a mi lado, y también sabía que podríamos vivir juntos, aprender a aceptarnos por como éramos, amar todo el otro, y por sobre todo, superar nuestros problemas y disfrutar de las cosas mas sencillas, y de los momentos mas simples y hermosos…
— Si tan solo pudiera decirte en palabras simples lo importante que eres para mi Thomas Farro —dije—, no puedo imaginarme una vida sin ti, agradezco haber aceptado esto y este es solo el comienzo.
— Y todo saldrá bien Elizabeth —prometió—, y si no es así, no dudes de mi amor, que nunca te dejaré, sea famoso o no, tenga dinero, o sea pobre, o incluso si alguien intenta separarnos, tú eres la única persona que amo y amaré, este corazón es tuyo…
- Y ese sería el final de esta historia, aun no estoy 100% segura si es el mejor o no, creo que ahora no diré nada, porque pienso hacerlo mañana en la noche, cuando escriba el porque decidí escribir este fic cuando dije que no volvería a escribir mas cosas de este tipo, y no sé ahí se entenderán muchas cosas, solo diré que el final iba a ser mucho mas diferente antes y mucho peor que este D: sin embargo dejé en este lo que me importaba, ya eso sería porque tengo que escribir tres cuentos muy diferentes cada uno para mañana, aunque probablemente solo escriba dos x) ya si quieren puede putearme, odiarme todo lo que quieran por este final, créanme que lo entenderé y si leen lo de mañana entenderán el porque del final, y en realidad de esta historia :) así que adiós, y solo espero no haberlos desilusionado con el final, no me importa que solo 3 o 4 personas hayan leído toda la historia, siempre intento hacer bien las cosas, pero no siempre resulta .-.
La única excepción
El pasado no nos separará:
— Así que estabas viva —dijo Tom apenas contestó su celular.
— Necesito verte —no quise esperar más y le dije lo que quería.
— ¿Cuándo?
— Lo antes posible.
— Faltan dos días, Elle.
— Lo sé —dije—, necesito verte antes. Ven mañana, por favor.
— Ahí estaré.
— En la casa de mi abuela —dije—, ven a almorzar.
— ¿se molestará?
— Para nada —respondí—, todo lo contrario, estará emocionada de conocerte.
— ¿Sabe lo nuestro?
— Tuve que contárselo, lo siento.
— Esta bien —dijo él—, no tiene nada de malo, además tarde o temprano todos lo sabrán.
— Entonces, ¿vendrás?
— Ahí estaré cariño.
Corté y me acomodé para dormir, pero antes de hacerlo, quería leer un poco mas acerca de la relación de sus abuelos. Extrañaría escuchar a mi abuela contar esas historias, o como lo hacía ahora último, leerlas ella para que las dos escucharan, ya que Hayley era mucho mas callada, de lo que era antes.
Su abuela siempre le había contado historias de cuando era joven con Nicholas, y las había escuchado atenta, al igual que el resto de sus hermanos y primos, pero finalmente se había vuelto la mas cercana a ellos. Algunos decían que se debía a que era la menor de todos, o su gran parentesco en la forma de ser, a su abuelo y en lo físico a su abuela.
Dio una mirada al libro rápidamente, ya que estaba muy cansada para leer, y mañana sería un gran día.
— Abuela —dije al despertarme, y ver que ella estaba preparando el almuerzo.
— ¿Pasa algo? —preguntó un poco preocupada.
— Nada malo —respondí rápidamente para no preocuparla—, solo…lo invité a almorzar.
— ¿enserio?
— ¿te molesta? —pregunté preocupada.
— Para nada —respondió ella rápidamente—, me sorprende, eso es todo. Pero estoy interesada en conocerlo.
— Creo que te va a gustar.
— ¿Por qué?
— Ya verás —y le ayudar a acomodar la mesa.
— ¿Cuándo llega tu madre? —preguntó cuando estábamos por terminar.
— En tres días más —respondí.
— ¿Ella sabe todo esto? —esa pregunta me había pillado desprevenida.
Por suerte no tuve que responder ya que me vi interrumpida por el sonido del timbre. Fui rápidamente a abrir, evitando la mirada de mi abuela.
En cuanto abrí la puerta unos brazos me rodearon seguido de unos labios que tocaban los míos con gran delicadeza.
— Te extrañaba cariño —dijo él después de besarla por segunda vez.
— ¿Cuándo llegaste? —pregunté.
— Esta mañana.
— Entra —dije corriéndome un poco para que entrara a la casa de mi abuela—, si me demoro mucho ella vendrá a ver que esta pasando.
— ¿Qué piensa de nosotros?
— No sé si deba decírtelo —dije algo nerviosa—, creo que deberías descubrirlo tú mismo. Y tomé su mano para dirigirlo hasta la cocina donde se encontraba Hayley.
— Abuela, te presento a mi novio —comencé a decir mas nerviosa que nunca, se notaba que él estaba incómodo y asustado— Thomas…
— Farro —completo ella. Con mi novio nos miramos extrañados, y ella lo notó—. Esa mirada, ojos, y labios…son los de un Farro, o eso supuse.
— Estás en lo correcto abuela —el me miró algo asustado.
— Por lo que veo, ustedes se quieren demasiado.
— Amo a su nieta —dijo mi novio muy seguro.
— Así veo.
— ¿Qué les parece si comemos? —interrumpí—, si seguimos conversando se enfriará.
— Tienes razón —dijo Hayley—, tomen asiento y yo voy a buscar todo.
— Te ayudo si quieres…
— No es necesario —interrumpió ella—, estoy segura que tienen mucho que hablar —y se alejó sin esperar una respuesta.
— No pensé que el pasado de nuestros abuelos llegaran a interferir en nuestra relación —comenzó a decir él al sentarse a mi lado.
— Yo menos lo imaginaba —admití—, pero…espero que estemos equivocados.
— Yo también —dijo él—, pero si llegara a ser así…no me importa, no renunciaré a ti.
— Te amo —dije—, ¿sabias?
— Si —respondió él y me besó.
Noté que Hayley nos miraba cuando me estaba alejando de Tom, ella me sonrío y llegó a donde estábamos con la comida.
— Nunca fui muy buena cocinera —dijo mientras nos servía el almuerzo—, así que perdón si no quedo bien.
— No te preocupes, Hayley —le ayude ya que sabía que le costaba hacer todo esto.
— ¿Cómo esta josh? —le preguntó Hayley a mi novio, cuando la comida ya estuvo servida.
— Bien —respondió él—, mas sano de lo que uno espera a su edad.
— Siempre fue un hombre sano —dijo ella—, supo cuidarse muy bien.
— Si —apoyó él.
— ¿Qué les pareció la comida?
— Esta deliciosa —respondimos al mismo tiempo, aunque no era tan cierto, pero estaba acostumbrada a esta comida.
Después hablamos de temas no tan importantes, pero que sirvieron para que mi novio y mi abuela se conocieran mas y se entendieran incluso mejor de lo que yo me entendía con ella.
— Cosas de músicos —argumentó ella, para defender esa gran conexión que tuvieron. Todo iba bien hasta que sonó el celular de Tom, quien no sabía si contestar o no.
— Hazlo —dije—, puede que sea importante —miró a mi abuela y a mí, y se alejó para contestar.
— Es un buen hombre —dijo Hayley cuando el se alejó.
— Así es —dije.
— ¿De qué me perdí? —preguntó él.
— Esta halagándote —respondí él me miró sorprendido y reímos.
— Solo estaba diciendo que pareces ser un buen hombre —comenzó a decir Hayley—. Conozco a los Farro, mejor que muchas personas, y más aun a Josh. Estuve muy enamorada de él alguna vez, fue mi primer amor, y aunque no duró toda la vida, fue hermoso. Es una gran persona y a pesar de lo mal que término todo, le sigo teniendo cariño. Me recuerdas mucho a él, Thomas, desde tu personalidad hasta lo físico. Y sé que pensaste que no te iba a aceptar cuando supe que eras su nieto —la pareja se miró sin saber que decir—, pero estabas equivocado. Saber que mi nieta esta con alguien como tú, no puede hacerme sentir mejor. Ojala sean felices y esto duré para siempre —Me levanté y la abracé.
— Eres la mejor abuela del mundo Hayles —dije cariñosamente.
— Lo sé —dijo ella sonriendo—. Ahora debo dejarlos, una de mis hijas me viene a buscar para ir al doctor.
— ¿Quién? —pregunté.
— Tu tía Lisa —respondió ella—, y al parecer ya esta esperándome —dijo al escuchar la bocina de un auto—, nos vemos —y salió lentamente de la casa, ya que los años le impedían caminar a mayor velocidad.
— ¿Vez? —dije acercándome a él después de haber escuchado como la puerta se cerraba tras la ex cantante—, ¡te adora! —exclamó abrazándolo—, incluso en un momento llegué a pensar que te quería mas que a mí.
— No sea tonta —dijo él acercándose a mi y tomando mis brazos—, parece ser que tu eres su nieta favorita.
— Eso decían todos —admití—, pero es porque soy mucho menor que todos.
— ¿Tú crees? —asentí.
— ¿Quieres conocer el resto de la casa? —propuse—, esta llena de sorpresas.
— Me encantaría.
Y así le fui mostrando cada una de las habitaciones, algunas con muchas fotos de cuando ella era joven y cantaba en Paramore, entre esas fotos había varias en las que salía el abuelo de mi novio.
— ¿Se amaban cierto? —le pregunté a él mientras mirábamos una foto en la que eran muy jóvenes y estaba uno al lado del otro.
— así parece —respondió él dándome un beso en la mejilla.
— ¿Qué les paso entonces?
— Probablemente se dieron cuenta que no estaban hecho el uno para el otro como creían —comenzó a decir él—. Pero finalmente cada uno encontró a su verdadero amor y lograron ser felices, pero por caminos muy separados,
— Gracias a eso estamos tú y yo aquí —me di vuelta y le di un beso en los labios.
— ¿Qué nos falta ver? —preguntó él.
— Mi habitación —respondí.
— ¿Había alguna razón en especial para que la dejarás para el final? —salimos de la pieza aun mirándonos, por suerte no pasamos a chocar ni a tropezarnos. Cuando estuvimos fuera, volvimos caminar mirando bien hacia donde íbamos.
— No lo sé —respondí—, dime tú cual sería esa razón.
— No lo sé —dijo él llevándome hasta la pared—, ¿qué quieres?
— Un beso —respondí y él me lo dio.
— ¿Algo más?
— Creo que deberíamos llegar allá, primero —dije intentando salir de donde estaba, entre su cuerpo y la pared. Dimos unos pasos mas hasta llegar a mi pieza, abrí la puerta y dejé que él entrara primero.
— Es bastante diferente a la que tienes en tu departamento.
— Si —dije cerrando la puerta—, es mucho mas sencilla —me acerqué a él y lo abracé por detrás y comencé a besar su cuello.
— Sabía que querías algo más —dijo él dándose vuelta rápidamente y levantándome sin dificultad.
— Estuvimos tanto tiempo sin vernos, ni hablarnos…
— Nunca mas va a pasar eso —prometió él—, si llego a estar lejos de ti, te llamaré, te escribiré algo o no lo sé, pero tendrás noticias de mí.
— Eso espero —dije, mientras él avanzaba hasta llegar a mi cama donde comenzamos a desvestirnos.
— ¿Qué pasa si llega tu abuela? —preguntó sin poder ocultar su preocupación.
— Yo creo que aun falta mucho para que llegue—, dije mientras lo besaba—, así que no hay de que preocuparse.
— ¿Segura? —asentí—, entonces hagámoslo —y así me deje llevar por todas las caricias de mi novio y amor de mi vida. Había estado con varios hombres antes, lo admitía, pero ninguno me hacía sentir como Thomas Farro. Ahora entendía con mayo claridad lo que había sentido Hayley por Nicholas, o mejor dicho aun sentía, porque si de algo estaba segura es que ese amor era para siempre, como el nuestro…
- No era necesario dividir este capítulo, no voy a dividir en partes el último y no tengo tiempo para escribir otro capítulo antes del último así que creo que mañana definitivamente subo el final de esta larguisima novela, fic o lo que sea ._. y emm… eso, el viernes escribiré algo acerca de como nació esta historia porque fue así y por qué terminará de esa forma xd, ya eso sería hasta mañana.
PD: No sé si querrán escuchar la canción desde el comienzo, o desde la parte en que comienzan la canción en la historia, ahí ustedes ven lo que les parezca mejor c:
La única excepción:
Cambios (Segunda parte y final):
— Tengo que irme —dijo de repente Tom, mientras cenaban juntos.
— ¿A dónde? —pregunté confundida.
— Por todo el país —respondió él.
— ¿Por qué?
— Elizabeth, ahora vivimos bien —comenzó a decir él—, pero ya no somos adolescentes, tenemos que aprender a depende solo de nosotros, y no podemos vivir de mis shows en bares, u otras partes de Nashville.
— Podemos vivir de las ventas de mis pinturas —dije—, no tienes porque irte.
— Necesito encontrar alguien que quiera contratarme y grabar un disco y mientras tanto tocar en distintas partes, que me conozcan —insistió él—, tengo un dinero ahorrado, para que podamos mantenernos.
— ¿Podamos?
— No quiero hacer esto solo, te necesitaré a mi lado.
— ¿Qué va a pasar con mis pinturas?
— Tengo el bus, puedes llevarlas ahí, venderlas, y tendrás espacio para pintar.
— ¿y mi familia?
— Podrás mantener contacto con ellos.
— No será lo mismo.
— Lo sé mi amor —dijo él—, pero no se me ocurre otra cosa. Esto es lo único que puedo dedicarme, la música. Es el legado de mi abuelo.
— Mi abuela pronto morirá Thomas —dije—, quiero estar con ella.
— Si le cuentas nuestra historia lo va a entender.
— Eso es cierto —admití de mala gana—, pero sería egoísta de mi parte.
— No puedo quedarme más tiempo, en 3 semanas tengo que tocar en un bar, lejos de aquí.
— ¡¿Tres semanas?! —exclamé—, ¿por qué no me lo dijiste antes?
— No sabía como hacerlo, sabía que reaccionarías de esta forma.
— Tom —dije—, quiero ir contigo, me encantaría, pero no estoy preparada aun.
— ¿Por qué?
— No lo sé, estoy asustada, probablemente.
— No deberías estarlo, estaremos juntos, cumpliendo el sueño de ambos, tú con la pintura, yo con la música y estaremos juntos.
— ¿Alguien sabe esto?
— Solo mi abuelo.
— ¿y qué dice?
— Me apoya —respondió—, él fue el que me enseño todo lo que sé de música.
— Tengo que pensarlo, mi amor —dije finalmente—, esto no es algo tan simple.
— Lo sé —dijo levantándose de la mesa y acercándose a donde yo estaba—, te estaré esperando, aquí afuera, en 20 días más…
Había pasado 18 días, y aun no lo decidía.
— No es tan fácil —dije—. Tendría que dejar muchas cosas.
— Tienes miedo.
— ¿Lo estás afirmando o preguntando?
— Afirmando —respondió Hayley.
— ¿Por qué?
— A veces tenemos que tomar grandes decisiones que cambia nuestra vida para siempre —dijo ella—, es necesario hacer estos cambios.
— Lo sé, pero no estoy preparada.
— Ya no eres una niña Elizabeth —la voz de su abuela era muy calmada, nunca la había visto enojada, aunque sabía que de vez en cuando tenía un genio que daba miedo, o por lo menos eso decía el abuelo—. Tienes 20 años, no puedes conformarte solo con lo que tienes ahí, te quedan muchos años aun, así que estás a tiempo de hacer lo correcto, o equivocarte, pero nunca, nunca tengas miedo a arriesgarte. Más aun si estás enamorada.
— No quiero dejarte sola Hayley —admití finalmente. Ella me miró sorprendida.
— Ya estoy muy vieja, pequeña —me senté en la cama para mirarla mejor—, en cualquier momento moriré, lo sé. Pero no por eso voy a ser tan egoísta y dejar que te quedes a mi lado, y no vayas con el hombre que amas. Ya te tuve por mucho tiempo, es hora de que te cuide él.
— Pero, si llegaras a…
— Lo vas a saber muy pronto.
— ¿y si no puedo venir?
— Lo harás mas adelante.
— ¡No!, no quiero perderte —confesé—, sé que suena patético, pero es la verdad, eres como una madre para mí, y siempre me ayudaste mucho con el abuelo.
— Y ahora ha llegado el momento de que sigas todos nuestros consejos —interrumpió ella.
— Siempre lo he hecho.
— Ahora no lo pareciera.
— ¿Realmente quieres ir o no? —me preguntó finalmente mi abuela—, piensa bien en eso, y ahí vez lo que haces, pero por favor, no hagas lo que no quieres, porque si te llegarás a quedar junto a mí y no era eso lo que realmente querías…no te lo perdonaré, y menos a mí —se levantó con gran dificultad y salió lentamente de la habitación.
Me quede acostada pensando en lo que ella me había dicho, hasta que me quede dormida.
Desperté en mitad de la noche así que me puse mi pijama y antes de apagar la luz, me di cuenta que había quedado el libro con la historia de mis abuelos.
El día que había soñado toda su vida había llegado finalmente. Se miró por última vez al espejo, y se dio vuelta para mirar a sus padres.
— Luces hermosa, hija —dijo su padre con orgullo—, eres toda una mujer —ella no sabía que decir.
— Ahora tu vida cambiará para siempre —advirtió mi madre—, por favor, cuídala bien, y no arruines todo esto que has creado con Nicholas.
— No lo haré madre —prometió ella, —, estaremos juntos toda la vida.
— ¿Estás lista para que te lleve a la iglesia?
— Aun es temprano papá —dijo ella mirando el reloj de pared.
— Yo iré a ver como esta todo —dijo su mamá saliendo de su casa.
— Cuando me case con tu madre, estábamos seguros de que estaríamos juntos toda la vida —comenzó a decir su padre—, pero estábamos equivocados —Hayley no sabía que decir, creía que este no era el mejor momento para que él dijera eso—, no creas que quiero arruinarte este gran día, pues en tu caso siento que esto no va a ocurrir.
— ¿Estás seguro? —él asintió.
— Nunca te había visto así, cariño —respondió él—, estuve a tu lado gran parte del tiempo que estuviste junto a Josh Farro, y con Chad Gilbert tuve una gran relación. Pero ninguna de esas relaciones se compara a esta, ni siquiera la que tuve con tu madre.
— Nicholas es el único hombre con el quiero pasar el resto de mis días —dijo ella—, siento que me he vuelto ciega, para mí solo existe él.
— Eso suele pasar —dijo él—, estás tan grande hija, ya eres una mujer.
— Hace mucho tiempo que deje de ser una niña padre.
— Lo sé —dijo él mirándola fijamente—, pero un padre siempre verá a su hijo como un niño.
— Gracias por todo —dijo ella abrazándolo—, siempre estuviste con nosotras, a pesar de que tu y mi mamá ya no estaban juntos. Supiste cuidarnos bien, y siempre me apoyaste en todo, a pesar de que pocos creyeran en mi y el resto de los chicos.
— Eso es lo que hace un padre —dijo él—, ayudar a que su hijo cumpla sus sueños, y tu lo has logrado Hayley Williams, estoy muy orgulloso de ti.
— Te amo papá —dijo ella sinceramente.
— Desearía que fueras mas pequeña para poder cuidarte —dijo él—, pero ya estás grandes y tienes quien te cuide.
— Hablando de eso —dijo ella—, creo que deberíamos ir a la iglesia, o llegaremos mas tarde de lo que ya debe llegar la novia.
— Tienes razón —dijo él mirando su reloj.
— Te advertí Hayley, no soy un buen bailarín —dijo Nicholas mientras bailaban.
— No me importa —dijo ella—, es nuestro baile de boda, tienes que hacerlo bien.
— Hayley…
— Cállate —y lo besó—, ¿estás listo?
— ¿Por qué esta canción? —preguntó él.
— Porque si, y punto —respondió ella tomando la mano de su novio—, recuerda que tu debes tener el control de todo esto —así que él la dirigió hasta la mitad de la pista de baile.
— Taylor Swift no es mi estilo —dijo él mientras se preparaban para la canción.
— Taylor es mi amiga, y yo le pedí que hiciera esto por nosotros y ella gentilmente acepto hacerlo —dijo ella defendiendo a la famosa cantante—, además es hermosa y creo que habla de nuestro amor.
— Pero existen otras canciones…
— Demasiado tarde, cariño —en ese momento la canción empezó. Así que comenzaron a moverse al ritmo, de una gran cantidad de instrumentos, casi como una orquesta y la voz de la hermosa cantante.
— ¿Te había dicho lo hermosa que te vez vestida de blanco? —preguntó mientras bailaban.
— ¿y yo lo bien que te vez con traje?
— No —respondió él.
— Te vez sexi.
— Creo que esos comentarios deberías guardarlos cuando estemos en el hotel.
— Solo dije que te veías sexi —dijo ella—, no tiene nada malo, ni pervertido eso. Además…soy tu esposa, estoy en todo mi derecho de decir lo que pienso de ti.
— ¿Qué piensas de mí?
— Que eres un gran hombre —comenzó a decir ella—, eres amable, respetuoso, sensual, con una sonrisa hermosa, no sé, eres el hombre que quiero tener a mi lado el resto de mi vida. Quiero mirarte a los ojos cuando ya apenas pueda moverme, y notar que aun me miras con ese brillo y que no tengas miedo a decirme te amo, que con solo tocar tu mano, me estremezca y tus labios sean el camino a un mundo aparte de este en el que solo estamos tú y yo.
— ¿Qué pasaría si me detengo y te beso? —preguntó él. En ese momento Taylor dejo de cantar para que se pudiera escuchar a la orquesta.
— Hazlo —dijo Hayley. Él obedeció, se detuvo y ella lo imitó, la miró fijamente y finalmente la besó frente a todos sus familiares y amigos que miraban sorprendidos, ya que solo esperaban un simple baile y no un beso tan apasionado como ese que demostraba el verdadero amor que existía en la pareja.
— Sigamos bailando —dijo Nicholas al detenerse—, no debemos perdernos en esta rutina.
— La única rutina que tendremos —pidió ella.
— Así será —prometió él—, seremos dos locos enamorados, intentado romper la rutina todo el tiempo. Acarició la mejilla de su novia y continuaron bailando, hasta que finalmente la canción acabo y todos aplaudieron parados.
— No me arrepiento, ni me arrepentiré nunca de haber hecho esto —dijo él—, de haber podido conocerte, dejarte entrar en mi vida y haber caído perdidamente a tus pies.
Te extraño Tanto Nicholas Hinrichsen, pensó Hayley Williams, mientras recordaba el día de su boda y miraba una foto de ese día donde salían los dos juntos. Y pensar que si estuvieras vivo, hoy cumpliríamos 62 años casados. Daría lo que sea por volver a mirarte a los ojos, tomar tu mano, y besarte. Un simple beso en la mejilla, o en la frente, sería tan feliz. Pero debo esperar, aquí aun me necesitan. Intentó quitar de su rostro los rastros de lágrimas que quedaban y se acostó en su cama e intentó dormir, pero solo tenía recuerdos de sus años de casada con Nicholas Hinrichsen, su único y gran amor…
- Emm… subo rápido porque tengo que ir a preu un rato más y tenía que haber escrito una cosa para un trabajo de filosofía pero ya no alcanzo así que lo haré en la noche D: mas encima casi me olvido que para este capítulo en vez de canción era vídeo .-. no sé si a todos los que leen (como si fueran mucho .-.) les gustará Taylor Swift, para los que me conocen mejor saben que no soy de escuchar ese tipo de música y como que ella es la única que me gusta .-. y no sé ya eso. El fic solo le quedan dos capítulos :| así que terminaría el jueves, porque NUNCA subo el último capítulo en partes, por mas largo que sea xd, pero aun no sé si subirlo el jueves o el viernes, además quiero escribir algo después de que termine, osea al otro, no es un fic ni nada de eso, es para que se entienda el porque de esta historia (como si a alguien le importara), ya escribo mucho, espero que les haya gustado el capítulo, hasta mañana c:
La única excepción
Cambios (Primera parte):
— ¿Tuvieron peleas mas adelante? —pregunté después de terminar de leer esto.
— Por supuesto —respondió ella—, demasiadas.
— ¿y cómo solucionaron todo?
— Cuando el amor es verdadero, ninguna pelea logra separar a la pareja por mucho tiempo —respondió mi abuela. En ese momento, no supe que pensar, recordaba lo que nos había pasado y de cómo no podía encontrar la solución— ¿Quieres seguir leyendo? —negué.
— Lo siento, pero no me encuentro muy bien ahora —me disculpe evitando su mirada.
— ¿Problemas con el corazón? —definitivamente a ella no se le escapaba nada, ni los años le quitaban esa aguda vista que tenía para notar como se sentía uno.
— Algo así —respondí.
— ¿Muy grave?
— No lo sé —admití—, espero que se pueda solucionar pronto, porque no soporto estar lejos de él. Aunque probablemente deba dejar de verlo.
— ¿Por qué? —no sabía si contarle o no todo a Hayley, confiaba en ella, pero tenía miedo, esto nadie lo sabía y no quería que nadie mas se enterara.
— Estoy enamorada —confesé finalmente—o mejor dicho, lo estamos.
— Es agradable escuchar eso —dijo ella sonriéndome—, en el mundo en el que estamos pocos son los que realmente escuchan a su corazón.
— Lo sé.
— ¿Y qué es lo que esta ocurriendo?
— Él…yo… —no sabía como comenzar a explicarle todo—, yo pensé que podía haberme engañado.
— ¿y…?
— No era así —respondí—. Pero…
— No podías creerle.
— Exacto.
— Con tu abuelo tuvimos muchos problemas con eso —dijo ella, yo la miré sorprendida—, la mayoría de las peleas que tuvimos mas adelante fue por eso.
»Cuando el pudo volver a ver, tenía miedo de que él se enamorara de alguna mujer mas linda que yo, o que tuviera sexo con otra —estaba algo sorprendida al escuchar eso—, y el desconfiaba de mi, ya que podía ver con quienes me juntaba.
— ¿Impidió esto con su relación?
— Algunas veces nuestras peleas fueron muy graves y no nos podíamos ver o hablar —respondió ella—, pero nos amábamos, y en el fondo sabíamos que no éramos capaces de engañarnos y si llegara a ocurrir, la culpa nos delataría muy pronto.
— ¿Te engaño alguna vez el abuelo?
— Nunca —respondió ella—, pudo haberlo hecho, ya que tuvo la posibilidad de estar con mujeres mucho mas guapas que yo, pero siempre me fue fiel.
— ¿Y tú?
— Nunca lo hice —respondió—, amaba mucho a tu abuelo, y con su amor, nunca necesite a ningún otro hombre.
— Entonces, ¿por qué pelearon tanto?
— Por la misma razón que tú y ese hombre pelean —respondió ella—, inseguridad. Esto no se trata de confianza, sino de no sentirse lo suficiente para el otro.
— ¿y ambos?
— Puede ocurrir, también —admitió ella—, aunque en el caso mío y de Nicholas, no fue así, estuvimos mucho tiempo separados, debido a nuestros trabajos, pero confiábamos en el otro.
— ¿cómo lo lograron? —pregunté sorprendida.
— Amor, eso es todo.
— Pero, ¡cuesta tanto! —exclamé, y me tendí junto a mi abuela.
Lo sé ya estoy bastante vieja para eso, pero me gustaba, ella siempre había sabido como hacerme sentir mejor.
— Lo sé, cariño —dijo ella tocando mi pelo—, pero créeme, cuando un hombre ama de verdad, no tiene ojos para otra mujer.
— Abuela —dije—, tengo algo importante que decirte.
— Escucho.
— Pero tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie.
— Lo prometo…
Había decidido quedarme con ella y no volver a mi departamento. Quería aprovechar estos últimos momentos con ella.
Tenía 20 años, y era la menor de las nietas de la gran familia Hinrichsen. De los nietos, había sido la mas cercana a mi abuelos, por eso conocía muy bien la historia de ellos. Aunque por primera vez leía el libro que con tanto esmero se había preocupado de escribir mi abuelo y junto a mi abuela, poco antes de que él muriera. De eso ya era unos dos años aproximadamente, en los cuales junto a mi madre intentábamos estar el mayor tiempo posible junto a Hayley, quien de a poco iba teniendo más problemas con su salud, debido a los años.
Ambas sabíamos que ella pudo haber muerto tan pronto como Nicholas había muerto, pero este se aseguró antes y le dijo: “Te amo Hayley Williams, siempre lo hice y lo seguiré haciendo, por eso, debes ser fuerte y seguir viviendo, yo estaré esperándote. Aquí tienes una gran familia que te ama y no te dejará sola. Hasta pronto”. Las recordaba porque me había citado estas palabras hace poco. Sabía que a Hayley le quedaba poco tiempo, y no quería aceptarlo, por eso me gustaba estar casi todo el tiempo con ella, pero ahora no sabía que hacer.
Me encontraba entre la espada y la pared, el amor de mi vida, y mi abuela, que fue como una segunda madre.
Tenía que decidir y me quedaba poco tiempo, lo peor de todo, es que todo el tiempo se me aparecían imágenes de recuerdos con él. Como esa vez que se quedo en mi departamento…
— ¿Siempre pintas estando desnuda o cubierta sólo con una sabana? —preguntó él detrás de mí. Me sobresalte y el lo notó, se río.
— No —respondí—, pero no encontré mi ropa.
— Yo solo encontré mis calzoncillos —me di vuelta para comprobar si decía la verdad.
— Te ves bien así —dije y lo besé.
— Me gusta lo que estás haciendo.
— ¿Enserio? —el asintió—, ese eres tú, y la que esta al lado soy yo, y esto dije indicando con el pincel, es todo lo nuestro, nuestro amor.
— Lo sé cariño —dijo él rozando los labios de ella—, te había dicho antes que eres una excelente pintora.
— Si —dije él—, también has dicho, que soy la mujer mas linda del mundo, la con mejor sonrisa, mejores ojos.
— Y todo es cierto —dijo él—, no tengo ojos para otra mujer, para mi, ninguna se compara a ti.
— ¿De verdad?
— De verdad —repitió—, eres única Elizabeth Turner.
— Tú eres el único hombre que amaré Tom Farro —y pinté su nariz negra—, el me miró enojado y buscó la pintura para vengarse, así estuvimos un buen rato haciendo guerra de pintura hasta que quedamos completamente pintados.
— ¿Cómo es posible que incluso cubierta de pintura me parezca la mujer más hermosa del mundo?
— Me pregunto lo mismo contigo —volvimos a besarnos.
— ¿De verdad quieres hacerlo con nuestros cuerpos pintados?
— Ya esta seco, ¿no? —nos miramos y él asintió—, entonces, no creo que moleste —Sonrió, me tomó en brazos y me llevo hasta la habitación.
Y así también se le venían a la mente, recuerdos no tan buenos.
— ¡Yo no hice nada! —Exclamó él enojado—, solo nos tomamos una foto.
— Pero como se miraban —comencé a decir—, no era una simple fan.
— No seas ingenua cariño —dijo él—, esta bien que ellas me miren de otra forma, ¿pero crees que te engañaría?
— Tom, esto no es fácil para mí.
— Para mí tampoco es fácil verte con todos esos pintores, o empresarios que compran tus obras.
— Pero sabes que yo no te engañaría con ellos.
— Yo tampoco te engañaría con una de ellas.
— Pero algunas son…
— Son mujeres Elle, muchas son guapas, no lo negaré —dijo él—, algunas solo quieren sexo, pero eso no significa que yo también quiera eso. Algunas simplemente son adolescentes que quieren llamar la atención, pero ninguna de estas son mi tipo.
— Los pintores y los empresarios menos son mi tipo —dije—, lo sabes.
— ¿Por qué siempre tenemos estás peleas?
— No lo sé —admití—, pero no me gustan, a veces siento que te perderé, y no quiero.
— Yo tampoco, quiero estar toda mi vida contigo.
— Quiero que nuestra relación sea como la de mis abuelos —dije—, el amor nunca murió, ellos se aceptaban por lo que eran y su amor se basaba en cosas muy sencillas.
— Entonces así será —prometió él—, te quiero para toda mi vida, ¿ok?, nunca me aburriría de ti, hermosa.
Hayley tenía razón, de eso estaba segura, pero aun no sabía que hacer.
- De nuevo, perdón por subir tan tarde, es que de verdad no pude antes :( y ya no sé que decir, faltan como 10-11 hojas para que termine de subir todo el fic eso quiere decir que a mas tardar el vieres terminará el fic, o el jueves probablemente, porque ya la segunda parte de este capítulo es igual de larga como esta, y de ahí no sé que haré, prefiero no decir nada .-. así que hasta mañana :3
La única excepción
Un nuevo mundo:
Y el día había llegado. Todo estaba pronosticado. El momento exacto en que a Nicholas Hinrichsen le quitaran las vendas y pudiera ver. Estarían con el doctor, encargado de la operación y una ayudante. Hayley Williams sería la primera persona en estar al frente de él, como había solicitado al principio, y también se encontraría junto al doctor Abbigail Hinrichsen, hermana del paciente.
— ¿Muy nerviosos? —preguntó el doctor cuando estuvieron todos en la habitación.
— Si —respondieron los tres al mismo tiempo.
— Nicholas, podrás ver a Hayley y a tu hermana tal como pediste, pero será por poco tiempo, ya que tendremos que revisarte.
— Esta bien —dijo él.
— ¿Estás preparado? —preguntó el doctor mientras le indicaba a Hayley que se colocara frente a él.
Él doctor se acercó a nick, y de a poco fue quitándole la venda que le impedía ver. En un comienzo le costó abrir los ojos, así que lo fue haciendo lentamente. Estaba asustado, no sabía que era lo que le esperaba, según su hermana y el resto de los doctores, ya era casi seguro que lograría ver, pero no tan seguro, ¿y qué le esperaba? Sabía que ya nada era igual a como era cuando podía ver, sabía que no todo era bueno, pero, ¿qué importaba? Él no estaba solo. Así fue abriendo lentamente sus ojos, en un comienzo no podía visualizar con claridad, era como una nube de colores, pero de a poco todo se fue viendo más nítido y frente a él se encontraban unos ojos verdes, que no veía hace muchos años. También apareció una hermosa melena color naranja, una piel muy pálida y la sonrisa más hermosa que había visto.
— Eres…la mujer mas hermosa que he visto Hayley Williams —dijo cuando por fin pudo verla bien. Notó como los ojos de ella se llenaban de lágrimas y lo abrazaba.
— Al parecer la operación te dejo otro daño en el cerebro para que no puedas diferenciar entre lo lindo y lo feo —dijo ella—, pero ya puedes ver.
— No seas tonta cariño —dijo él—, lo digo enserio, ver tu sonrisa, no tiene precio, para mi no hay sonrisa, ni ojos, mas hermosos que los tuyos —y la besó con gran pasión, notó como el cuerpo de su novia se estremecía, al igual que el suyo.
Después de esto, Hayley se hizo a un lado para que Nicholas pudiera ver a su hermana.
— Estás tan grande hermanita —dijo él abrazándola—, y pensar que hace poco éramos solo unos niños y ahora pronto te vas a casar.
— Y tú también Nicholas —dijo ella—, pronto te vas a casar, lo presiento.
— Si Hayley quiere…
— ¿Me estás proponiendo matrimonio? —preguntó ella sorprendida.
— Creo que si…
— Por supuesto que quiero —dijo ella volviéndolo a abrazar y besarlo.
— Perdón por hacerlo de esta forma pero…
— No me importa mi amor —dijo ella. Aun emocionada.
— Creo que debería hacerle algunas revisiones, y si todo sale bien, podrás regresar a casa —interrumpió el doctor.
— Te esperamos fuera de esta habitación —dijo abby mientras tomaba el brazo de Hayley para sacarla del lugar.
— Esto es como un sueño —dijo la cantante al salir de la habitación—, Nicholas puede ver, me propuso matrimonio…todo parece ir tan bien.
— Así es Hayley —dijo ella al sentarse en una de las sillas de espera—, todo esta saliendo bien. Y creo que es algo que ambos merecen.
— Si —apoyó ella—, quiero aprovechar todo lo bueno.
— Todos sabemos que su historia de amor tendrá un final feliz.
— Eso es lo que todos esperan.
— Es lo que dice el corazón.
— Es lo que mas deseamos, el corazón no siempre predice el futuro.
— Y mucho menos la razón.
— ¿Todo bien? —preguntó Nicholas quien había salido sigilosamente del cuarto y para no interrumpir la conversación de su novia y su hermana.
— ¿No deberíamos ser nosotras las que preguntáramos eso? —dijo Hayley.
— Cierto.
— ¿Todo bien? —preguntó abby.
— Excelente —respondió el sonriendo—, puedo ver, mi hermana se casará en unas semanas mas, y yo tengo a la mejor mujer del mundo a mi lado, y pronto será mi esposa. Creo que mas que excelente, esta todo perfecto.
— Creo que los dos deberían ir al departamento o la casa de Hayley —propuso abby—, creo que aquí todo ha terminado, y yo recién me desocupo en la noche. Además tienen mucho que arreglar entre ustedes.
— Ok —obedeció la pareja.
Se despidieron de abby y salieron del hospital ya que ella había prometido encargarse de todo. Subieron al auto de Hayley pero antes de partir se miraron el uno al otro.
— Estos es tan…no tengo palabras para describirlo —dijo Nicholas—, me cuesta creer que por fin puedo verte.
— ¿Te viste al espejo? —preguntó ella.
— Si —respondió él—, fue raro, a pesar de todo, sigo siendo lindo.
— ¡Nicholas! —exclamó ella—, mi estupido novio egocéntrico —dijo ella revolviendo el pelo de él—, pero debo admitir que lo que dices cierto, eres lindo, o mas que eso.
— Creo que ahora podremos ser algo mas parecido a una pareja normal.
— Ambos sabemos que eso es imposible, cariño —dijo ella con un tono algo infantil, fijó su vista al volante—, ¿vamos al departamento o a mi casa?
— Al departamento —respondió él—, tengo mucho que ver.
— Como tú digas —dijo ella e hizo andar el auto.
Hayley no quiso hablar mucho para dejar que su novio mirara como se encontraba su querida Nashville.
— ¿Qué te parece todo? —preguntó ella cuando estaban por llegar al departamento.
— Todo a cambiado mucho —respondió él—, pero puedo acostumbrar pronto a esto.
— Sé que así será —y estaciono su auto fuera del edificio. Iba a bajarse rápidamente para ayudar a su novio pero una mirada de él hizo que ella se quedara ahí y esperara a que él bajara y le abriera el auto.
— Tendré que acostumbrarme a eso —dijo ella después de que Nicholas cerrara la puerta.
— Tendré que recordar como se conducía, no quiero que tú me andes trayendo de un lugar a otro.
— No me molesta —dijo Hayley.
— Pero igual ya estoy grande como para arreglármelas solo en eso.
— Lo sé —dijo ella, mientras llegaban al edificio, las personas que estaban en el camino se miraban confundidos, al parecer habían notado el cambio en Nicholas, al igual que Hayley. Sonríe como nunca antes lo había visto sonreír, pensó.
Llegaron al departamento y encontraron todo desordenado.
— ¡Pero que desastre! —exclamó él mirando a todos lados—, ahora entiendo porque mi tía reclamaba tanto cada vez que venía.
— Normalmente no esta tan desordenada —dijo Hayley para defender a abby—, lo que pasa es que todo esto de la operación hizo que tu hermana y yo dejáramos algunas cosas de lado.
— No tendrían que haberlo hecho.
— Estábamos preocupadas por ti Nicholas —defendió ella tomando una mano de él para que no la dejara hablando sola—, entiende que eres de las personas mas importantes para nosotras.
— Lo sé, pero…
— Nada —dijo ella—, si te hubiese pasado algo malo y yo no hubiese estado ahí, no me lo iba a perdonar nunca; y sé que tu hermana sentiría lo mismo.
— Lo entiendo Hayley —dijo él mientras conducía a su novia hacia la habitación donde se encontraban todos sus dibujos—. Estoy asustado —confesó antes de entrar a la habitación.
— ¿Por qué?
— En esta habitación esta lo que yo mas amo hacer —respondió él—, dibujar, y la fotografía que tuve que dejar cuando me fue imposible ver, ¿qué pasa si ya no soy bueno en eso, o nunca lo fui? Es lo que quiero dedicarme en el futuro, y si no sirvo para eso…
— ¡No sea tonto Nicholas! —exclamó ella—, eres realmente bueno dibujando. Es admirable la perfección con la que dibujabas sin poder mirar, solo a través del tacto. Y la fotografía es cosa de práctica.
— Toma mi mano —pidió él—, quiero que abramos la puerta juntos y que me acompañes al entrar—, ella obedeció y asintió.
Abrieron la puerta, y frente a sus ojos se encontró una gran cantidad de dibujos y en una pared solamente había fotografías tomadas por él cuando aun podía ver. Solo cuando estuvo segura de que no pasaría nada malo, soltó la mano de su novio para que pudiera mirar tranquilo.
— 39 dibujos —dijo él—, ya que el número 40 lo tienes tú —ella se acercó a donde él estaba—, todos dibujos de la mujer que amo.
— Yo solo tengo algunas canciones para ti —dijo ella—, pero si pudiera escribiría toda la vida alguna canción referente a nuestro amor.
— ¿Podré aprender a vivir de esto? —preguntó él—, ¿lograré mejorar en la fotografía y el dibujo?
— Por supuesto mi amor —respondió ella—eres un gran artista.
— Y tú una gran cantante y compositora.
— ¿Y que decidiste?
— Buscaré un trabajo de lo que sea, juntaré plata y compraré una cámara —respondió él—, y comenzaré a practicar, de ahí no lo sé.
— Creo que no será necesario que trabajes para comprar una cámara.
— ¿Qué? —preguntó sorprendido.
— Lo que escuchaste —respondió ella—, pero no esta aquí ahora.
— No tenías que hacerlo.
— Pero quería —dijo ella—, como yo me dedico a la música tú mereces dedicarte a la fotografía.
— Creo que ya estuvimos mucho rato aquí —tomó la mano de Hayley y salieron de la habitación.
— ¿Qué quieres ahora? —preguntó ella colocándose frente a él.
— Besarte —respondió, haciendo eso que tanto deseaba.
— ¿Sólo eso? —preguntó ella.
— No —respondió él—, quiero besarte hasta la eternidad.
— Lo siento pero es imposible —dijo ella con tristeza—, aunque si fuera posible créeme que daría lo que sea por besarte eternamente.
— Pero podemos amarnos de una forma especial que a pesar de ser corta, sea mejor que la eternidad.
— Tienes toda la razón —y lo volvió a besar.
— Ahora no chocaremos tanto —ella río—. Amo tu risa —dijo él dando un pequeño beso en los labios de ella—, amo todo de ti Hayley Nichole Williams.
Y fueron hasta la habitación de él donde comenzaron a desvestirse.
— Tienes varios tatuajes —descubrió él a medida que le quitaba la ropa a su novia.
— Pensé que lo sabías, cariño.
— Si, pero no sabían como eran —dijo él—, y me gustan.
— Gracias —dijo ella quedando roja.
— De verdad eres muy tímida.
— Te lo advertí Nicholas —se defendió ella—, me cohíbo fácilmente, aun mas si estoy desnuda.
— Pero si eres hermosa cariño —dijo él—y si no lo fueras, no me molestaría igual te amaría y desearía hacer esto contigo.
— ¿Seguro? —preguntó ella.
— Si —respondió—, así que no tengas miedo, que vea, no significa que vaya a dejar de amarte y sentirte de esa forma tan especial.
— Te amo tanto Nicholas —dijo ella—, y no, no estoy avergonzada porque me veas así.
— Me parecía —dijo él mientras besaba todo su cuerpo. Ahora los dos se unían, mientras las miradas demostraban un amor totalmente real, sencillo y sincero. No se basaba en superficialidades, ni era obsesivo, sino que venía de lo mas profundo del corazón, y aceptaba todo de la otra persona, no solo sus cualidades, también sus defectos, sabían que ambos podrían vivir toda su vida juntos. Que por más que tuvieran problemas alguna vez, sabrían superarlos y que nada, absolutamente nada, los separaría…
- Perdón por subir capítulo tan tarde, es que de verdad no pude antes D: e incluso aun no termino de hacer todas las cosas x_x por eso decidí subir el capítulo completo y no en dos partes c: ya eso no mas, hasta mañana c: